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¿Quiénes son esas mujeres de los anuncios? 

Lo pregunto en serio: ¿alguien sabe de dónde salen? Vale, sí, son actrices —incluso cuando intentan hacernos creer que no, colocándoles un cartelito de “Persona real” debajo—. ¿Pero de quién están haciendo esas mujeres? De mí desde luego no… 

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Empecemos analizando lo más básico y evidente: ¿cómo son esas mujeres? La mayoría están cortadas por el mismo patrón: guapas, con cuerpos normativos, blancas, bla-bla-bla… Solo hace falta pasearse un poco por la calle para ver que la mayoría de nosotras no encajamos ahí, que faltan más culazos, más variedad de tonos de piel y algún que otro pañuelo en la cabeza para parecerse mínimamente a la realidad.

¿Y qué me decís de la edad? Ay mi madre… ¡Sí, mi madre no aparece por ningún lado! Solo un 11% de los personajes de los anuncios tiene más de 50 años. Pero esperad, que el dato empeora: de ese 11%, ¡hay el doble de hombres que de mujeres! ¡Aunque se sabe de sobras que las mujeres son más longevas y, por tanto, que hay más mujeres mayores!*

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Y dejando estos temas más “estéticos” a un lado. Vamos a ver: ¿qué hacen estas mujeres? ¡Anda, sorpresa, tampoco es real! Por poner un ejemplo: según el Instituto Nacional de Estadística, no llega a un 14% el número de mujeres que se dedica en exclusiva a las tareas del hogar y, sin embargo, la publicidad de productos de limpieza está llena de ellas. Eso también significa que una buena parte de las mujeres trabaja fuera de casa también, ¿y acaso las ves en sus entornos de trabajo? A los datos me remito de nuevo: las mujeres aparecen la mitad de veces que los hombres en un contexto profesional.* ¡Y algunas veces es solo para hablar de lo bueno que les quedó el arroz del domingo! ”¡Tú has hecho Sabroz!” [Emoji de “me tapo la cara con la mano”].
Por este mismo camino nos encontramos también con que las mujeres están relegadas a los anuncios de moda y belleza, porque cuidarse debe ser solo cosa de mujeres, y que raras veces aparecen haciendo deporte, a no ser que sea para lucir un top y mallas ajustadas. Y ahí llegan ellos, los profesionales, los salvadores, con su bata blanca (que es de mentira, porque también son actores) para darnos lecciones sobre cómo cocinar o limpiar como profesionales y para explicarnos cómo funciona la tecnología. Tal cual ocurre en la vida real, ¿a que sí?

Después de 15 años en publicidad, si algo tengo claro es que esta no está basada en hechos reales. Es más bien que “cualquier parecido con la realidad es pura casualidad”. Y aún así, esta publicidad está creada para vendernos cosas a nosotras. ¡A nosotras que no entendemos quiénes son esas mujeres! ¿Es para que le estalle a una la cabeza, no?
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